El maravilloso sueño de alguien con esquizofrenia.

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esquizofrenia

La esquizofrenia ha sido parte de mi vida, con la cual he padecido de varias “Experiencias” bastante memorables y poco gratificantes que bien podrían terminar siendo inspiración para una película de terror.

“Experiencias” que se presentan en forma de sueños a lo largo de las noches y que hoy te contaré a modo de historia para tu entretenimiento y distracción.

Una noche de Septiembre cuando yacía dormido en mi habitación después de haber cerrado la puerta de mi casa, una extraña sensación me invadió el cuerpo; un sentimiento similar a dejar tu cuerpo flotando en el agua o como el estar sobre una manta suspendida en el aire el cual te acaricia tiernamente cada parte del cuerpo, sólo para minutos después abrir los ojos, verte a ti mismo dormido y tomarlo con tal naturalidad que no se vuelve cuestionable el hecho de pensar que “Estás muriendo”, únicamente limitándose a salir de tu habitación, girar la cabeza y ver que tu cuerpo físico aún no se ha percatado que su alma es unida por un insignificante hilo de tonalidad transparente.

Al salir a mi recibidor; justo sentado en el sofá pude ver con claridad “Algo” sentado en el mismo, un ser que era visiblemente más grande que yo: con las piernas alargadas, las manos casi en los huesos, la espalda arqueada hacia adelante y que (por alguna razón que desconozco aún) sólo tenía por ojos una tenue luz anaranjada en la parte superior de lo que parecía ser su cara.

Ese “Algo” se giró para poder verme mejor, husmear mi cuerpo delgado con lo que parecía ser su único ojo después la cosa me extendió la mano y con una voz profunda me susurro:

“—Hay ciertas cosas que los humanos no están listos para entender todavía.

—¿Que clase de cosas? —Respondí acercándome con total naturalidad, como si mi mente no pensara que lo que estaba delante de mí podría romperme a la mitad si lo quisiera.

—DEJA QUE TE LO EXPLIQUE…”

El ser delante mío habló de infinidad de cosas que aún no soy capaz de recordar, explicando cómo era posible que él y yo estuviéramos en el mismo punto de la realidad donde nadie más podía estarlo.

Aquella noche, a pesar de ser un sueño, el tiempo se pasó tan lento, tan real, que podía ver por la ventana como el cielo cambiaba de color y el amanecer amenazaba con salir dando paso a un nuevo día. La cosa delante de mí se levantó dejando ver su piel grisácea y cuerpo delgado, haciendo una señal con la mano dándome a entender que era hora de decir adiós. Se levantó y con la misma voz de antes me dijo:

—Volveremos a vernos.

Caminó hasta la puerta y yo, como si fuese un simple espectador de un espectáculo bizarro observé a la criatura tomar el picaporte de mi puerta, abrirla y salir como si hubiera sido una visita cotidiana.

Caminé de regreso a mi habitación, volví a estar dentro de mi cuerpo, desperté y caminé hasta la sala, sólo para darme cuenta que… La puerta estaba abierta.

Fin.

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